02:51 CARLOS PASTOR MÁLAGA. Dicen que la felicidad va por barrios y parece que se ha instalado de pleno en la avenida de Martiricos. El Málaga sigue contabilizando por victorias todos los encuentros oficiales que ha disputado (cinco en Liga y uno en Copa) y, tras lo visto ayer, donde batió a un Eibar que le hizo sufrir muchísimo, el aspecto de este equipo continúa envuelto en la esperanza. Fiel reflejo de esta satisfacción bien entendida era una imagen que se podía ver a través de la pequeña pantalla a la conclusión del choque: Fernando Sanz buscaba con la vista la complicidad de su padre. Era una forma de mostrar al dueño del Málaga, con sólo una mirada, lo bien que están yendo las cosas por La Rosaleda en el terreno de juego.

No en vano, éste es el mejor arranque de temporada de Liga blanquiazul, sólo igualado en la temporada 48/49, donde el extinto CD Málaga también logró un pleno similar y, encima, subió esa campaña a Primera División. Ojalá estas similitudes no sólo sean eso.Pero la de ayer fue una victoria a través del trabajo, la fe, el maravilloso apoyo de una grada que cada día empuja más y la pegada malaguista. Pues el Eibar no lo puso fácil en ningún momento. Su planteamiento sólo se estropeó con los constantes cambios tácticos que tuvo que ordenar Mandiola tras las tres sustituciones. Provocados porque justo después de la primera, cuando daba por bueno el 0-0 y puso el autobús de cinco defensas, llegó el golazo de Baha.

Hasta ese momento el Málaga sólo había hecho que sufrir. El cuadro armero propuso jugar en un ladrillo, con una defensa muy adelantada y unas líneas muy juntas y solidarias para realizar la presión y cortar hasta la respiración a los malaguistas. No había casi por donde moverse y encima la posesión al inicio pertenecía más al Eibar.

Las ocasiones escaseaban por el entramado táctico guipuzcoano, pero la intensidad a la que se jugaba por hacerse con los milímetros de campo que quedaban libres hacía que el tiempo pasara rápido, sin aburrir. Las pocas veces que el Málaga conseguía hilvanar varios pases seguidos y, sobre todo, ensanchar el terreno de juego abriendo el balón a las bandas, eran los únicos momentos en los que los espectadores podían relajar los abdominales, totalmente contraídos ante tanto fragor en el juego.

Muñiz había resuelto el debate de la delantera tras la recuperación de Salva repitiendo el mismo once que contra el Castellón y el Córdoba. Realmente fue una sorpresa ver al aragonés sentado en el banquillo, pero no se puede poner pega alguna a la alineación de cualquiera de los tres delanteros que más está utilizando. Y es que el asturiano se sigue cargando de razón con su insistente discurso en que este Málaga “es un bloque”. Cada uno hace su función y va madurando el partido. En esta línea han superado todas las propuestas que les han presentado sus rivales. Hasta la del Eibar de ayer, que tiene pinta de que es la que más se va a ver por La Rosaleda.

Con esta quinta victoria consecutiva, el Málaga ha abierto ya una brecha de cinco puntos con el cuarto clasificado, el Racing de Ferrol. Encima el colchón es suficiente para que, haga lo que haga en El Ejido el próximo sábado, nadie le pueda mover de las dos primeras posiciones, pues sólo el Numancia le tiene a tiro.

Así que a uno sólo se le ocurren motivos para que el equipo continúe trabajando en la tranquilidad, ese ambiente que tanto favorece a las dinámicas como la blanquiazul. Más aún tras superar al Eibar en “un partido que te hace crecer”, como dijo acertadamente Salva al final. O “un partido de los que te valen un ascenso”, como se comentaba antes incluso en la grada.

 

Fuente: Malagahoy


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