La Real y el Eibar se repartieron los puntos en el primer derbi liguero donostiarra entre los dos equipos, pero la fiesta fue azulgrana de principio a fin. No habría más de dos mil seguidores eibarreses y, sin embargo, se les escuchó tanto o más que a los realistas. No me extraña. A la afición txuriurdin el partido le caía bien, le resultaba atractivo y simpático, pero la ilusión había venido de Eibar en trenes, autocares y automóviles.

Por la mañana vimos a medio millar de eibarreses bajarse del tren en la plaza Easo con un brillo en los ojos y un grito en los labios. «Eibarpool». Por la tarde, al dejar el coche en el parking, vimos a los seguidores azulgranas colocarse sus bufandas al cuello con el mismo cuidado con el que un novio se anuda la corbata. Luego se retocaban el avío unos a otros y se ponían en marcha hacia el campo con una sonrisa abierta y una ilusión incontenible.

En la puerta de Anoeta me paré a saludar a amigos de la Real de toda la vida y la preocupación les salía a los labios. Badiola, Iriarte, Coleman, Aiestaran, dónde están los técnicos, para qué queremos una plantilla tan larga, estamos peor que hace un mes, paciencia, paciencia, vamos a darle un poco de tiempo, que éste va a aprender deprisa, que no, que no, que el presidente de la Real no puede coquetear con la verdad, por lo menos se está gastando su dinero, ya veremos quién paga al final y quién se lleva la tela, harrapatu, no criticabais tanto cuando estaban los de Denon, y Astiazarán en el palco, señor, señor. O sea mal rollo.

A punto ya de entrar me encontré con Patxi Mutiloa, gerente de Aspe, siempre vinculado al Eibar, en un corrillo de eibarreses que estaban tan contentos: «A ver si nos sale un buen partido. El Eibar le puede dar trabajo a la Real».

En ese momento llegó José Ignacio Garmendia, que formuló en voz alta el deseo que tenían los centenares de seguidores eibarreses: «Itxura ona ematea…» y terminó la frase en castellano «y al final un puntito y para casa». Dicho y hecho. El Eibar iba a dar buena imagen y se iba a llevar un punto. O sea buen rollo.

Las gradas se habían convertido en una sucursal de Operación Triunfo. Watios y watios impedían hablar con nadie y no quedaba más remedio que escuchar a Mercedes y a Cristina, a las que no tenía el gusto de conocer, pero a las que nunca más podré decir que no les he escuchado cantar.

Cuando callaron, la grada pudo expresarse y allí hubo aplausos para todos, pero el entusiasmo seguía siendo eibarrés. Como Codina y Del Olmo circulaban con soltura por las bandas y como Riesgo tenía que demostrar lo buen portero que es, mientras Cuéllar miraba el partido desde el área de enfrente, lo que se oía era lo de «Eibar, Eibar», lo de «Eibarpool» y aquello de «que bote Ipurua». Unos disfrutaban y otros esperaban a que su equipo despertara.

Cuando lo hizo los seguidores de la Real se dejaron oír con fuerza en un segundo tiempo en el que los dos equipos pudieron ganar, pero que tuvo inclinación txuriurdin. Carmelo fue el creador del gol de Goiria y Anoeta se convirtió durante unos segundos en Ipurua. Ya estaba la muchachada azulgrana cantando el «A por ellos» cuando el propio Carmelo cabeceó hacia su área un balón despejado con catapulta por Txiki. Iñigol no desperdició el regalo. Luego pudo ganar la Real, pero el árbitro debió de pensar que no hubiera sido justo. No hubiera sido justo.

 

Fuente: Diario Vasco

Escribir comentario


Noticias relacionadas

  • El Éibar quiere aguar la fiesta del ascenso al Sporting
  • El Salamanca quiere ‘cargarse’ la fiesta del Pizjuán
  • San Isidro aplacó a la lluvia
  • Javier Mandiola anuncia su adiós
  • El Ajax, rival del Murcia en el centenario del club
  • Las peñas de Eibar celebran este domingo su fiesta
  • Fiesta mañana de Eskozia La Brava para dar ambiente antes del Eibar-Las Palmas
  • Hierros Anetxe inicia la fase de ascenso, este domingo en Unbe
  • El Eibar-Hierros Anetxe inicia su asalto al ascenso motivado por el ímpetu de Laskurain
  • Aun no se lo creen