EIBAR. DV. El Arrate saltó al parqué con el propósito de dar una excelente bienvenida a su parroquia en su primera comparecencia liguera coincidiendo con la visita de un Barcelona que, a la postre, se mostró implacable e intratable.

Más que pelear por la victoria, el objetivo que se había marcado el Arrate era el de causar una grata sensación a su público y oponer la mayor resistencia posible al conjunto catalán.

Sin embargo, desde el principio del encuentro, las cosas no comenzaron a rodar como es debido, hasta el punto que un desconsiderado Barcelona llevó a convertir al Arrate en una caricatura de equipo.

Síntomas desagradables

El primer síntoma desagradable se produjo antes de iniciarse la contienda, al notificarse que Malumbres, que siguió todo el encuentro desde el banquillo tenía gripe. Pero los contratiempos no terminaron aquí, ya que para el primer minuto de partido se lesionó Vargas. La torcedura de tobillo que le produjo Iker Romero al caer encima, después de estrenar el casillero de goles, le impidió retornar a la pista.

Pero el remate final fue el festín que proporcionó a continuación la ambiciosa plantilla de Manolo Cadena, que dio muestras de tener un hambre feroz de victoria, dispuesto a darse un nuevo atracón de goles, como la pasada semana ante el Teucro, al que endosó 41 tantos.

No es cuestión de restar méritos al Barcelona, pero muy a su pesar, el Arrate le facilitó las cosas al equipo catalán acumulando errores de bulto en los pases.

En un abrir y cerrar de ojos, los azulgrana se colocaron con un 1-6 (tres goles de contragolpe) a su favor. Daba la impresión de que el Arrate había estado perdiendo el tiempo durante la semana preparando el partido, ante las extremas dificultades que tenía para superar la agobiante, veloz y eficaz defensa blaugrana y, posteriormente, perforar la meta de un entonadísimo Kasper, que acumuló 18 paradas en 45 minutos.

El único jugador que salvó su expediente en la primera mitad fue Ivo Díaz con sus penetraciones, ya que los lanzamientos exteriores fueron completamente nulos. Stefanovic y Rudovic no se cansaron de probar fortuna sin éxito desde los nueve metros en este primer periodo al convertir, entre los dos, un solo gol en doce tentativas.

En seis metros, al igual que ocurrió en Pamplona, tampoco anduvieron finos. Hasta tres veces picaron el balón en exceso con un Kasper ya batido.

Entre tanto, la apisonadora blaugrana seguía su cometido. Repartió como nunca los goles, hasta el punto de que todos sus jugadores anotaron salvo Gull y los guardametas. El más entonado fue Rocas, al anotar indistintamente jugando de lateral o de extremo.