El Arrate enseñó los dientes
4 de Febrero, 2008 -
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Derrota digna. Esta es la sensación con la que se tiene que quedar el Arrate, después de batallar, enseñar los dientes hasta el punto de inquietar y llegar a poner nervioso a un banquillo del Portland que no las tenía todas consigo.
Los navarros no se podían permitir un resbalón más en esta Liga al quedar levemente descolgado de la lucha por el título al término de la primera vuelta.
Más que la consecución de los dos puntos, el orgullo y el afán de querer resarcirse del varapalo de la primera vuelta eran los objetivos reales con los que saltó el Arrate al parqué de Ipurua. La consecución de un resultado positivo era una premio añadido. Finalmente, se impuso la lógica. El Portland se llevó a Pamplona los dos puntos en litigio y el Arrate se quedó satisfecho y con la conciencia tranquila por su rendimiento y la excelente imagen que dio en un pabellón a rebosar.
Sobran dedos de una mano para contar las ocasiones en las que el graderío de Ipurua ha presentado un aspecto similar en los últimos quince años. Sin embargo, faltó una mayor comunión entre público y equipo.
Desde el primer minuto de juego el Arrate trató de complacer a su multitudinaria afición. Kobin y Jurkiewicz sorprendieron de salida con sus lanzamientos exteriores. Llevaron la iniciativa en el marcador hasta los umbrales del descanso. Durante este intervalo supo sacar un alto rendimiento a la permisividad de la defensa navarra. Tan solo en una ocasión disfrutó de una máxima renta de dos goles (5-3). A partir de aquí sólo fue capaz de tomar la cabeza por la mínima, aunque desaprovechó situaciones claras para abrir un pequeño hueco. No en vano malograron cuatro contragolpes (dos de ellos fueron respondidos con espectaculares paradas de Svensson) y tres penas máximas.
Frente a un equipo como el Portland, cargar la estadística con este tipo de errores con el ánimo de pescar algo es un lujo. El Portland se limitó de ir al tran tran. No se inquietó en exceso y se mantuvo sereno al considerar que el partido lo tenía bien controlado.
En la reanudación apretó un poco más el acelerador. Después de que el Arrate aprovechara la exclusión de Jorgensen al filo del descanso para equilibrar la contienda (17-17) en los primeros compases de la reanudación, el Portland pasó a ser dueño y señor. Los albiazules se resistieron a reconocer que habían tocado techo en el marcador, ya que se mantuvieron a remolque hasta el final.
La última oportunidad que tuvo para equilibrar la contienda fue en el parcial 21-22 a raíz de un lanzamiento ligeramente desviado de Berrios que ejecutó desde su propio campo al ver a Svensson adelantado.
A partir de aquí, acusó seriamente el esfuerzo para tratar de superar a una barrera navarra, que había ganado en efectividad. Esta situación vino acompañada de varios aciertos del meta sueco.
En los últimos diez minutos, daba la impresión que el partido estaba visto para sentencia, a pesar de que el margen era de tan solo tres goles. El Portland en ningún momento tuvo dificultades para seguir engrosando su particular cuenta. Además, en las situaciones más delicadas contó con un prodigioso Balic que hizo y deshizo cuanto quiso. No en vano, se trata de uno de los mejores jugadores del mundo. La afición de Ipurua puede dar fe de ello.
Fuente: Diario Vasco
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