Endika Bordas será titular tras la sanción por ciclo de amonestaciones del argentino Acciari.El Córdoba busca su segundo triunfo seguido ante el Eibar, al que nunca ganó en su campo.

Algo sacude Ipurúa, pongamos el caso, pero lleva crujiendo tiempo en Lezama, Zubieta o Mendizorroza, por no salir del entorno, cuando los responsables de la fértil cantera vasca advirtieron que los chavales llegaban a las instalaciones deportivas, desde hace algunos años, con camisetas de equipos ingleses; de España, el Barça, sobre todo, porque el Madrid sigue siendo el Madrid y su historia y sus connotaciones, aquí siempre a flor de piel. Luego está el éxodo de sus habitantes, la bajada de la población, la necesidad o el cambio de hábitos, como ejemplo demoledor la Play de fútbol virtual –de ISS-pro o de FIFA en sus variantes anuales–, y muchos motivos más, que han tocado de lleno sobre la línea de flotación de uno de los balompiés más peculiares y prolijos de nuestro país: el del País Vasco.

La Real purga en la Liga BBVA, tras un año para olvidar donde a punto estuvieron de bajar todos los conjuntos de Euskadi. El Athletic de Bilbao –sobre el que hoy se echó la capota y el frío– se mantiene en Primera División con un giro de timón encomendado a un jornalero salvapatrias, que si algo sabe es manejar los equipos desde las bases: Joaquín Caparrós. De su espíritu de ir a por todas está muy cerca el Eibar, el conjunto que esta tarde a las seis y media (Canal 2 Andalucía) se cruza en el camino de otro técnico atropellado y agónico llamado Paco Jémez. Ambos andaluces, los técnicos; el fútbol cada vez entiende menos de tierras. Porque antes el vasco era muy suyo y acusado dentro del terreno de directo: pelotazos a los puntas, saltos, pugnas, rechaces, segundas jugadas… estrategia. El cordobés, por estar al sur, limita con lo “pinturero”, diría don Alfredo: más toque, más creación, más inspiración. Pero todo se ha entremezclado con la llegada de las nuevas tecnologías, la aldea global. Hasta el balompié. Ahora el Eibar practica un fútbol moderno, sin renunciar al balón como principio, con jugadores de calidad, no solo de garra, y se aleja poco a poco del icono histórico de Blas Ziarreta y su juego práctico que lo hizo un clásico de Segunda A. Hasta Ipurúa se considera un campo grande: una olla a presión por la cercanía de su gente, pero grande en dimensiones, el olor a fútbol, luego no valen las excusas. Y Paco lo sabe bien.

Por eso, ayer, la convocatoria que dio fue un calco a la del pasado domingo en casa ante el Castellón, con la única salvedad obligada de la entrada de Endika por Acciari, que cumple condena por ver cinco amarillas en once jornadas que se llevan disputadas. No hay más. El fútbol vale igual, en estos tiempos, en Córdoba que en Eibar. Los argumentos deben ser los mismos. Los de antes. Mucho trabajo colectivo.

SALIDA AL PAIS VASCO A pesar de que al equipo de Jémez le queda un poco lejos, por lo efímero de este deporte, la última salida, hace ya tres jornadas, precisamente a Vitoria, otro campo de enjundia vasca, lo que allí sirvió bien vale para Ipurúa, es decir, concentración, entrega, calidad, fuerza, velocidad, sacrificio y gol. Un cóctel posible que valió tres puntos ante el Alavés, y que marcó el punto de inicio para situar al equipo cordobés a tres puntos de las plazas de ascenso, que aunque no es el objetivo, bien vale el esfuerzo de todos.

Fuente: Diario Córdoba


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